26 octubre, 2026

Comer sano no es solo cuestión de querer: ¿por qué la Generación Z no siempre sigue la dieta mediterránea?

 


Sabemos que la dieta mediterránea es uno de los patrones alimentarios más saludables. Sus beneficios están ampliamente documentados y sus principales ingredientes forman parte de nuestra cultura gastronómica.

Sin embargo, hay algo que llama la atención: muchos jóvenes saben que deberían comer de manera saludable, tienen intención de hacerlo y valoran positivamente la dieta mediterránea, pero sus hábitos alimentarios no siempre reflejan esas intenciones.

¿Por qué ocurre esto?

¿Basta con conocer los beneficios de una alimentación saludable? ¿Qué importancia tienen la familia, los amigos o la capacidad para organizar nuestra alimentación? Y, sobre todo, ¿influye el significado que damos a comer bien?

Estas son algunas de las preguntas que abordamos en nuestro nuevo artículo, publicado en British Food Journal, junto a José L. Ruiz-Alba y Miguel Ángel Rodríguez-Molina.

📄 Artículo: From intention to behavioural adherence: the moderating role of eudaimonic food-related well-being orientation in Mediterranean diet adoption

Revista: British Food Journal (2026)
Autores: José L. Ruiz-Alba, Guillermo Bermúdez-González y Miguel Ángel Rodríguez-Molina.

🔗 DOI: https://doi.org/10.1108/BFJ-05-2026-0824

🔍 El problema: querer comer sano no significa hacerlo

Imaginemos a un estudiante universitario que conoce perfectamente los beneficios de la dieta mediterránea.

Sabe que debería consumir más frutas, verduras, legumbres y pescado. También reconoce que sería conveniente reducir los alimentos ultraprocesados y mantener una alimentación equilibrada.

Incluso está convencido de que quiere mejorar su dieta.

Pero después llega la realidad cotidiana: las clases, los exámenes, la falta de tiempo, el presupuesto limitado, las comidas improvisadas o la comodidad de recurrir a soluciones rápidas.

Entre la intención de comer saludablemente y el comportamiento alimentario existe una distancia que no siempre conseguimos superar.

En investigación sobre comportamiento del consumidor, este fenómeno se conoce como intention–behaviour gap, o brecha entre intención y comportamiento.

Nuestro estudio pretende comprender mejor esa distancia en la Generación Z.

La cuestión no es únicamente por qué los jóvenes quieren comer sano, sino qué factores hacen más probable que esa intención se traduzca en hábitos alimentarios coherentes con la dieta mediterránea.

🧠 Comer sano: ¿una obligación o una forma de bienestar?

Uno de los elementos centrales de nuestra investigación es el concepto de bienestar eudaimónico.

Habitualmente asociamos el bienestar con sentirnos bien, disfrutar o experimentar placer. Esta dimensión se conoce como bienestar hedónico.

Sin embargo, existe otra perspectiva: el bienestar eudaimónico, relacionado con encontrar sentido a lo que hacemos, desarrollarnos personalmente y actuar de acuerdo con nuestros valores y objetivos vitales.

Aplicado a la alimentación, esta distinción resulta especialmente interesante.

Dos jóvenes pueden tener exactamente la misma intención de seguir una dieta saludable, pero hacerlo por razones diferentes.

Uno puede considerar que comer sano es algo recomendable porque los médicos, las redes sociales o su entorno insisten en ello.

Otro puede interpretar la alimentación saludable como parte de su proyecto personal: cuidarse, sentirse mejor a largo plazo, desarrollar buenos hábitos y construir un estilo de vida coherente con sus valores.

Ambos quieren comer bien.

Pero ¿tienen las mismas probabilidades de convertir esa intención en comportamiento?

Precisamente, esta es una de las cuestiones más interesantes de nuestro estudio.

⚙️ ¿Qué hicimos?

Para responder a estas preguntas, analizamos las respuestas de 341 jóvenes de la Generación Z residentes en Andalucía.

La investigación se fundamenta en la Teoría del Comportamiento Planificado (Theory of Planned Behaviour), uno de los modelos más utilizados para explicar cómo se forman las intenciones y cómo se relacionan con el comportamiento.

Analizamos cinco elementos fundamentales:

  1. Actitud hacia la alimentación saludable: hasta qué punto los jóvenes consideran positivo y beneficioso comer saludablemente.

  2. Normas sociales: qué importancia tienen las expectativas y la aprobación de familiares, amigos y otras personas cercanas.

  3. Control conductual percibido: en qué medida consideran que tienen tiempo, recursos, conocimientos y capacidad para mantener una dieta saludable.

  4. Intención de comer saludablemente: su disposición a adoptar hábitos alimentarios más saludables.

  5. Bienestar eudaimónico relacionado con la alimentación: hasta qué punto vinculan comer saludablemente con su calidad de vida, su desarrollo personal y una forma de cuidarse con significado.

Además, evaluamos el grado de adherencia declarado a la dieta mediterránea mediante un índice construido a partir de los hábitos de consumo alimentario.

A través de modelos de ecuaciones estructurales, estudiamos tanto las relaciones directas entre estas variables como el papel moderador del bienestar eudaimónico.

📊 Primer resultado: la actitud importa, pero la capacidad para actuar también

Los resultados muestran que tener una actitud positiva hacia la alimentación saludable está relacionado con una mayor intención de seguir una dieta adecuada.

Pero existe otro factor igualmente relevante: sentirse capaz de hacerlo.

Los jóvenes que perciben que disponen de recursos, conocimientos y posibilidades para gestionar su alimentación muestran también una mayor intención de comer saludablemente.

Además, el control conductual percibido mantiene una relación positiva con la adherencia declarada a la dieta mediterránea.

Esto tiene una implicación importante.

No basta con explicar a los jóvenes qué alimentos son saludables.

También hay que facilitar que puedan incorporarlos a su vida cotidiana.

Saber cocinar, disponer de tiempo, acceder a alimentos adecuados o contar con recursos económicos suficientes pueden marcar diferencias en la capacidad percibida para mantener una alimentación saludable.

👥 Segundo resultado: la presión social no influye igual en todos los jóvenes

Uno de los resultados más interesantes es que las normas sociales, consideradas de forma general, no presentan una relación directa estadísticamente significativa con la intención de seguir una dieta saludable.

Es decir, la aprobación de familiares y amigos no parece explicar por sí sola las intenciones alimentarias del conjunto de jóvenes analizados.

Sin embargo, esto no significa que la influencia social carezca de importancia.

Cuando incorporamos el bienestar eudaimónico al análisis, encontramos diferencias relevantes.

Entre los jóvenes que atribuyen menos significado personal a la alimentación saludable, las normas sociales adquieren mayor relevancia.

En cambio, cuando comer saludablemente está más integrado en los valores y objetivos personales, la influencia de las expectativas sociales se debilita e incluso puede presentar una relación negativa.

Este resultado sugiere que los jóvenes no responden de manera homogénea a los mensajes de su entorno.

La influencia externa puede tener más importancia cuando las motivaciones personales todavía no están suficientemente consolidadas.

🌱 Tercer resultado: encontrar sentido a comer sano ayuda a convertir la intención en hábitos

Este es probablemente el hallazgo central del artículo.

Los resultados muestran que la relación entre intención de comer saludablemente y adherencia declarada a la dieta mediterránea es más fuerte entre los jóvenes con una elevada orientación eudaimónica hacia la alimentación.

Dicho de manera sencilla:

Cuando una persona relaciona la alimentación saludable con su bienestar a largo plazo, su crecimiento personal y sus propios valores, existe una mayor correspondencia entre lo que quiere hacer y lo que declara comer.

La motivación asociada al significado personal parece contribuir a reducir la distancia entre intención y comportamiento.

Esto no significa que disfrutar de la comida sea menos importante ni que la dieta mediterránea sea, por definición, una expresión de bienestar eudaimónico.

Significa que el sentido personal que atribuimos a nuestros hábitos puede ayudar a explicar por qué algunas intenciones se traducen con mayor facilidad en acciones.

🧩 No todos los jóvenes necesitan los mismos estímulos

Los resultados también muestran que existen diferentes perfiles motivacionales.

Entre quienes presentan una mayor orientación eudaimónica, las actitudes positivas hacia la alimentación saludable tienen una relación más intensa con la intención, y esta última se relaciona más estrechamente con la adherencia alimentaria.

En cambio, entre quienes presentan una orientación eudaimónica menor, adquieren más relevancia las normas sociales y la percepción de disponer de recursos y capacidades para actuar.

Esta diferencia resulta especialmente interesante para el marketing y el comportamiento del consumidor.

No todos los consumidores responden a los mismos estímulos, aunque persigan aparentemente el mismo objetivo.

Una campaña centrada en las ventajas futuras de una alimentación saludable puede conectar especialmente con quienes ya incorporan el autocuidado a sus valores personales.

Para otros jóvenes pueden resultar más relevantes estrategias que faciliten la preparación de comidas, reduzcan barreras prácticas o aprovechen positivamente la influencia de su entorno.

🚀 ¿Qué implicaciones tiene para empresas, universidades y políticas públicas?

Los resultados ofrecen algunas orientaciones para quienes diseñan iniciativas de promoción de la alimentación saludable.

Para las universidades

Las campañas de alimentación saludable podrían combinar información nutricional con iniciativas prácticas que ayuden a los estudiantes a gestionar mejor sus hábitos.

Por ejemplo, talleres de cocina, menús mediterráneos accesibles, propuestas de planificación semanal o actividades que relacionen la alimentación con el bienestar personal.

Para las empresas del sector alimentario

Desde el marketing, la investigación invita a ir más allá de comunicar exclusivamente los beneficios nutricionales.

Puede resultar relevante conectar los productos saludables con aspiraciones y valores personales, sin olvidar aspectos prácticos como la accesibilidad, la comodidad o la facilidad de preparación.

La alimentación saludable puede comunicarse no solo como una elección funcional, sino también como parte de una forma de vivir.

Para los responsables de políticas públicas

Las iniciativas de promoción de la dieta mediterránea entre los jóvenes deberían considerar la diversidad de motivaciones y barreras.

Informar es necesario, pero puede no ser suficiente.

Las estrategias educativas pueden complementarse con actuaciones que refuercen las capacidades de los jóvenes y favorezcan la interiorización de hábitos saludables.

⚠️ ¿Qué no demuestra nuestro estudio?

También es importante interpretar adecuadamente los resultados.

Nuestra investigación utiliza información recogida mediante encuesta y analiza relaciones estadísticas entre variables.

Por tanto, no demuestra que desarrollar una orientación eudaimónica provoque necesariamente una mejora posterior de la alimentación.

Tampoco realizamos un seguimiento longitudinal del comportamiento alimentario.

La adherencia a la dieta mediterránea se evaluó mediante hábitos de consumo declarados por los participantes, no mediante una observación directa y continuada de sus comidas.

Los resultados deben entenderse como evidencias de asociaciones y diferencias motivacionales, no como relaciones causales definitivamente establecidas.

Estas limitaciones abren nuevas oportunidades para estudiar cómo evolucionan las motivaciones y los comportamientos alimentarios a lo largo del tiempo.

💬 La idea central: no basta con querer comer bien

Quizá el mensaje principal de nuestro artículo pueda resumirse así:

Para convertir la alimentación saludable en un hábito, no solo importa lo que sabemos o lo que queremos hacer. También importa lo que significa para nosotros.

La actitud es importante.

La capacidad para actuar también.

La influencia social puede desempeñar un papel.

Pero la relación entre estos factores y el comportamiento cambia según cómo entendemos nuestra alimentación y el lugar que ocupa en nuestro proyecto personal.

Por eso, si queremos promover la dieta mediterránea entre las nuevas generaciones, probablemente debamos formular una pregunta diferente.

No únicamente:

¿Cómo convencemos a los jóvenes de que comer sano es importante?

Sino también:

¿Cómo conseguimos que comer saludablemente tenga sentido dentro de sus vidas y resulte viable en su día a día?

Comprender esta diferencia puede ayudarnos a diseñar mejores estrategias de marketing alimentario, educación nutricional y promoción del bienestar entre los jóvenes.

📄 Leer el artículo en British Food Journal:

👉 https://doi.org/10.1108/BFJ-05-2026-0824

Comer sano no es solo cuestión de querer: ¿por qué la Generación Z no siempre sigue la dieta mediterránea?

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